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lunes, 7 de abril de 2008

EL GRAN GOLPE

SIGUE SIN CONOCERSE LA IDENTIDAD DE LOS LADRONES NI LA CUANTIA DEL BOTIN
El lunes 27, a las ocho de la mañana, después de dos días y medio de fiesta, el interventor del Banco de Andalucía en Marbella descubrió horrorizado que había sido forzada una de las dos cajas acorazadas de la sucursal y desvalijadas las 186 cajas de seguridad alquiladas a clientes de la entidad. Aunque nadie sabe con seguridad, el botín logrado por los no menos de seis ladrones que participaron en el golpe, porque absolutamente nadie que no sea el arrendatario tiene acceso a las mismas, la mayoría de las estimaciones coinciden en la cifra de los 2.000 millones de pesetas. Una semana después no existen pistas seguras sobre los autores y no se ha detenido a ningún sospechoso, aunque la policía no descarta la hipótesis de que podrían haber contado con la colaboración de alguno de los propietarios de las cajas o de los propios empleados del banco, dado el total conocimiento del interior del banco y de sus sistemas de alarma que mostraron los ladrones.
Aunque viva cien años más, al comisario jefe de Policía de Marbella, Fernando Godoy, sesenta años cumplidos, cuyo hobby es precisamente la electrónica, no se le olvidará el día 27 de diciembre de 1982. Era el día en que estrenaba el cargo, porque al anterior jefe, Antonio Pascual, le habían destinado a la Jefatura Superior de Policía de Bilbao como jefe de servicios. Aunque probadamente madrugador -era hasta entonces segundo comisario-, Godoy tuvo sólo unos minutos para llegar al despacho de la primera planta, justo en el chaflán del primer pasillo, antes de que le espetasen el bombazo de una sola vez: Desvalijadas las 186 cajas de seguridad de la sucursal principal del Banco de Andalucía en Marbella.
Sólo unos minutos tardó en presentarse en la calle de Ricardo Soriano, 32, el tramo de la travesía de la carretera de Málaga a Cádiz donde están agrupados la mayoría de los bancos de Marbella, y en hacerse cargo de la situación. Los ladrones -después se pudo establecer, tras un estudio minucioso de todas las operaciones que llevaron a cabo durante su larga estancia en el interior del banco- habían entrado al edificio a través de unas oficinas independientes del propio banco donde.está situada la central dé proceso de datos y unas habitaciones en obras (la puerta no está blindada, curiosamente), y tras practicar un agujero o butrón se plantaron en la zona .noble de la sucursal, también en el primer piso, donde se encuentra la oficina del director y la sala de juntas, entre otras instalaciones.
La propia policía no ha podido establecer la hora de entrada de los autores del robo, pero el cálculo de las 32 horas y los restos relativamente recientes de botellas de agua y cerveza (consumieron gran cantidad, a causa del fuerte calor reinante en la pequeña antesala de la caja acorazada, que tardaro veintidós horas en forzar con sopletes de oxígeno) y de comida permiten establecer que saliero entre el mediodía y la tarde del domingo, por lo que bien pudieron comenzar el trabajo en la noch del 24 al 25 de diciembre. De las declaraciones de los vecinos del inmueble (hay también un estudio de arquitectura, la consulta de un dentista y un centro de acupuntura en el edificio, de siete plantas) se desprende que ninguno oyó el má mínimo ruido. Que eran verdaderos profesio nales lo abona el hecho de qu desconectaron sin equivocaciones el complejo sistema de seguridad del banco: sensores de aproximación, de percusión y térmicos, además de circuitos de seguridad con cables de ruptura para hacer saltar la alarma en caso de que no se sepa cómo manipularla -es una especie de clave secreta-, aunque no había sensor microondas destinado a detectar la existencia de objetos móviles. Sí había un acumulador de energía para el caso de un corte del suministro eléctrico. El banco cumplía de sobra las normas de seguridad legales. También desconectaron la alarma local de la sala de cajas de seguridad (una puerta blindada. marca Fortis con un trampón de emergencia para el hipotético caso de bloqueo, ambas de veinte centímetros de espesor con chapas de acero y capas de hormigón). Fue el trabajo más duro. Los expertos le calculan veintidós horas. Otras ocho o nueve les llevó desvalijar con palanquetas, picos y picoletas, con una limpieza extraordinarias una a una, las 186 cajas de seguridad. Un trabajo casi de artesanos. El otro detalle definitivo de la profesionalidad de los ladrones lo muestra el hecho de que estudiaron con calma las joyas que hIbía que desechar, así como los objetos de plata que sobrecargarían las bolsas. También la totalidad de los documentos. Un notario levantaba acta de los mismos, abandonados en el suelo, el mismo lunes.

1 comentario:

Julia Gonzalez Perez dijo...

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